El cuento de hadas de Gemma, bailarina oriental
Gracias a Gemma, bailarina profesional de danza oriental y profesora, por sus detalladas y fascinantes respuestas a nuestra entrevista.
¿Puede presentarse en detalle, desde el nacimiento de su pasión por la danza del vientre hasta su actividad como bailarina y profesora de renombre en la actualidad?
Empecé a bailar la danza del vientre cuando era estudiante en la Sorbona de París con Della Durlach quien fue mi primera maestra. Realmente me enamoré de esta primera clase. Practicaba la danza clásica, pero descubrí en la danza del vientre otra dimensión que me correspondía más: la feminidad, el placer de bailar y sobre todo el hecho de que la danza me ayudaba a sentirme mejor conmigo misma y a curar mi timidez.
Luego me entregué en cuerpo y alma a esta disciplina. Viajaba a Egipto muy para entrenarme con grandes maestros como Raqia Hassan, Ibrahim Akef, Mahmoud Reda, pero también para ver espectáculos de grandes bailarinas orientales como Dina, Randa ou Noor... o para entender la cultura oriental. Al mismo tiempo, seguía asiduamente las clases de Mayodi en París. Rápidamente me ofreció ser parte de su compañía, la Compañía El Noujoum, y entré en el mundo del espectáculo por la puerta grande, ya que hice mi primera aparición en el escenario como bailarina oriental profesional en el Olympia. También era la época de las prestigiosas fiestas parisinas, organizábamos grandes bodas, participé en un musical en el Divan du Monde durante más de 70 funciones en París y luego en una gira por toda Francia, hice una aparición cinematográfica en la película Vengo, de Tony Gatlif, así como varias apariciones en televisión…
¡Actuábamos casi todas las noches! Así que tuve que suspender mis estudios porque ya no podía conciliar las galas hasta las 3 de la mañana y el hecho de preparar la agregación para ser profesora de filosofía. Luego tuve que tomar una decisión y es mi pasión por la danza del vientre que ganó.
Después desarrollé mi carrera de bailarina oriental profesional y fundé mi propia compañía con mi cónyuge Djamel Mellouk. También completé mi formación rítmica con clases de crótalos. En el año 2000, creamos la Compañía Mille et une Nuits (Mil y una noches) que incluye a 7 bailarinas y músicos, con la ambición de presentar una imagen elegante y moderna de la danza del vientre, mostrando hermosos trajes de danza oriental, elaboradas coreografías y una verdadera puesta en escena.
Mi deseo era lograr llevar la danza del vientre a teatros y grandes escenarios, fuera de las bodas y fiestas privadas. Luego produjimos regularmente grandes espectáculos para famosos escenarios como la Cigale, el Instituto del Mundo Árabe, siempre en autoproducción y sin ninguna subvención. También lanzamos un pack CD/DVD en vivo de nuestro espectáculo en la Cigale (distribuido por SONY). Gracias a este arduo trabajo, hemos atraído la atención de los medios de comunicación hacia la danza oriental y hemos sido objeto de numerosos artículos de prensa, reportajes de televisión, participado en diversos programas como “Attention à la marche”, “Vendredi tout est permis”…
Desde entonces hemos continuado nuestro camino, y nos han pedido que actuemos en la programación de teatros o fiestas en Francia y en todo el mundo (Egipto, Líbano, Argelia, Túnez, Togo, Gabón, Congo y recientemente en Yibuti).
¡La realidad fue mucho más allá de lo que podría haber imaginado!
Háblenos de su famosa escuela de danza del vientre “Las mil y una Noches”?
Empecé a dar clases de danza del vientre primero en provincias, en la ciudad de Vernon de donde procedo, sin pensar que algún día la convertiría en mi profesión. Realmente quería compartir con la mayor cantidad de mujeres posible, esta cultura que había descubierto y que ahora formaba parte de mí. Rápidamente, la escuela de baile que creé (Mil y una Noches) adquirió rápidamente una dimensión inesperada, y como en el ámbito de los espectáculos, ¡me dejé llevar por el baile! Desde entonces, seguimos ofreciendo cursos y talleres de danza oriental, y percusión, en un lugar histórico, ya que tenemos la suerte de tener una sala de baile muy bonita con parte de la muralla de la ciudad.
Desde el año 2000, también doy clases regulares de danza del vientre en París (actualmente en el estudio 16) y cada año, organizo un gran espectáculo de fin de año con mis alumnos de París y Vernon, porque quiero destacar el trabajo de mis alumnas, para permitirles dar un buen resultado a su año de baile. Las clases se imparten en un ambiente de buen humor y buena convivencia, realmente intento que las mujeres se sientan a gusto. Diría que mis objetivos son ayudarles a progresar con disciplina y seriedad, pero sin que la enseñanza sea severa. Porque, sobre todo, para mí la danza debe ser festiva, pero también nos enseña a ser solidarios, apasionados y a cumplir nuestras metas en un ámbito de compartir. Formamos un equipo muy unido y me complace mucho ver a mis alumnas prosperar en el escenario. Nos presentaremos en junio, después de una pausa de dos años debido al COVID, con aun más motivación y felicidad para compartir. Además, imparto regularmente talleres temáticos de danza del vientre con mi cónyuge Djamel Mellouk que nos acompaña con la darbuka para que las alumnas adquieran, además de la técnica, el sentido del ritmo egipcio y la escucha musical que son muy importantes. También preparo bailarinas orientales profesionales que se unen a mi compañía y a profesores que vienen a perfeccionar sus conocimientos conmigo.
Para usted, si la vida tuviera que ser una danza del vientre, ¿Cuál sería y por qué?
Empiezo a tener una larga carrera a mis espaldas y cuando era más joven, hubiera respondido "Sharki" sin dudarlo. Con la perspectiva y la madurez, respondo "Baladi", con sus alegrías, sus penas pero siempre con su autenticidad. El Baladi es un baile femenino y como una mujer, es un baile que a veces es alegre, a veces nostálgico o melancólico, pero siempre orgulloso de sus raíces. Y, sobre todo, su lado más terrestre nos obliga a "tener los pies en la tierra", ¡Imprescindible en esta profesión!
Basándose en su experiencia, ¿Cómo imagina el futuro de la danza del vientre tras las diferentes evoluciones que ha experimentado durante sus últimos 10 años, pero también la crisis de la Covid-19?
Después de años de trabajo para construir una imagen positiva de la danza del vientre, un desafío que ha sido parcialmente exitoso, durante estos últimos 10 años he podido constatar, por desgracia, un cierto cierre cultural y sociológico: La danza oriental hace soñar menos, a veces es asociada nuevamente a clichés e imágenes negativas entre el público en general.
Se hizo cosmopolita cuando "la tendencia" era la música del mundo, se dirigía a todos, pero ahora sentimos una clara caída y cada vez nos encontramos menos en nuestros espectáculos con ese público mixto de los últimos años. La tendencia actual es más bien bailar para un público ya familiarizado, de origen oriental, o para un público de personas que practican la danza del vientre. Esto queda en "una burbuja" y eso es una pena. La danza oriental es una danza tan rica que merece ser mostrada tanto como cualquier otra danza. Los medios de comunicación también se han alejado de nuestro arte ultimadamente, sobre todo después de las oleadas de atentados terroristas, y es muy triste, ya que la danza promueve la apertura y la tolerancia.
Con la crisis de Covid, la danza del vientre (como todas las danzas en otros lugares) ha sufrido mucho, tanto en el mundo de los espectáculos como en el de las clases de baile. Las clases se han desarrollado en video, aspecto que no me atrae especialmente porque para mí la danza del vientre es una actividad socializadora, que crea vínculos humanos muy importantes. En cuanto a los espectáculos, todo se ha ralentizado y la reanudación es difícil porque la falta de visibilidad en el tiempo necesario para el emplazamiento y la organización de un espectáculo desanima a los programadores y organizadores.
En cuanto al futuro, nadie puede saber lo que ocurrirá. Este regreso a clases de septiembre, ha sido un renacer para mí: a pesar de las dificultades sigo aquí y todavía con mi pasión intacta. Creo que habrá que trabajar mucho para reconstruir todo el trabajo que se había hecho. Pero es también en las crisis que nos damos cuenta de la importancia del arte. Mientras haya mujeres y hombres, ¡habrá baile! Es fundamental para la humanidad.
Por último, la tregua impuesta por el COVID fue beneficiosa para mí en un aspecto, ya que pude terminar de escribir mi libro “Je danse donc je suis” (Bailo luego existo), un libro biográfico, sociológico e histórico sobre la danza oriental, una síntesis de mi trayectoria profesional y artística. ¡De próxima publicación!
En el escenario, ¿Qué estilo de danza del vientre prefiere llevar y por qué?
En el escenario, me gusta llevar trajes de danza del vientre con los que me sienta cómoda. Todos los trajes de mi compañía han sido creados por nosotros, con estampados de las Mil y una Noches (estrellas y lunas en pedrería), para dar una imagen global más profesional.
Para mis alumnas, siempre he creado un mínimo de dos escenas para cada clase : una escena en traje de danza del vientre idéntico y otra con un traje "libre" para que puedan expresar su fantasía. ¡Esto forma parte del juego y lo disfrutan mucho! Mi madre era costurera, crecí en medio de telas y me inspiro generalmente. ¡Me encanta crear, ensamblar, y modificar los trajes para personalizarlos!
En cuanto a mis trajes personales de danza oriental, me gustan las telas brillantes, los colores vivos, los cortes ceñidos, las transparencias, las telas con perlas y pedrería. El lado femenino de un bello traje bordado me encanta ¡y capta la luz tan bien! El escenario nos permite lucir todos los colores que no nos atreveríamos a llevar en la vida cotidiana, así que, ¿Por qué privarnos? También me gusta acompañar mis trajes con collares, diademas, balacas, manguitos… ¡Cada detalle cuenta!
Y por supuesto, me gusta introducir en mis espectáculos de danza del vientre diversos accesorios, como las alas de Isis, los velos, los bastones y los crótalos.
¿Quiénes son las bailarinas orientales francesas e internacionales que más admira?
Admiro siempre a Dina que sigue siendo para mí la mejor bailarina oriental y la que me ha inspirado desde mis inicios. Pero también me gustan algunas bailarinas orientales rusas que han conservado la autenticidad egipcia, como Aida Bogomolova. En Francia, tenemos una nueva generación de buenas bailarinas de danza del vientre, técnicamente bien formadas. Sobre todo, necesito que me conmuevan concierta gracia, musicalidad, y autenticidad. Se necesita sinceridad en el baile, una verdadera pasión, un carisma.
¿Qué cualidad cree que es esencial para cualquier bailarina de danza del vientre?
La perseverancia. Simplemente porque la profesión de la bailarina de danza oriental es difícil, el camino va acompañado de puntos fuertes y decepciones. Hay personas que te animan, que creen en ti y otras que te frenan, voluntariamente o no, así que realmente tienes que creer en ti mismo, en lo que quieres hacer, en tus sueños, para tener una constancia a largo plazo. Y dada la situación actual, ¡Esto es aún más necesario! Nunca te rindas, sigue tu camino y no te desanimes.
Descubra a Gemma y su compañía de danza actuando en un plató de televisión:

























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